jueves, 19 de julio de 2012

Diez propuestas para el inversor sensato por Jaume Puig de GVCGaesco


* Si le atrae la inversión en inmuebles: invierta, vía fondo, en inmuebles de calidad en aquellas zonas del mundo en las que los inmuebles están iniciando una subida tras décadas de crisis, como Alemania o Japón. Dentro de cinco años, planteese la adquisición de inmuebles en España.

* No mantenga en su cartera acciones u otros instrumentos de capital, preferentes, deuda convertible o deuda subordinada de bancos domésticos españoles.

* Adquiera deuda pública, estatal o autonómica, con vencimientos cortos (hasta 2,5 años). La prima de riesgo caerá.

* No acepte pseudo soluciones de pánico, mantenga euros no sólo centrales sino también periféricos. Es su divisa de ahorro.

* Si a pesar de todo tiene dudas sobre los bancos y/o euros y quiere cubrirse temporalmente, adquiera activos directos, que no formen parte del balance de ninguna entidad bancaria, como fondos, bonos o acciones, de naturaleza no bancaria que inviertan en euros centrales y otras divisas y tendrá cobertura total.

* Adquiera tanta renta variable como su temple y situación financiera le permitan. Estamos ante un descuento fundamental muy importante que cabe capitalizar en su totalidad. Preferentemente Europa, emergentes,Japón, small caps y tecnología.

* No tenga renta fija a largo plazo. Su remuneración no se corresponde con las tasas de inflación actuales y previstas. Tipos reales negativos a corto y a largo plazo.

* Adquiera retorno absoluto para inversiones con horizonte temporal a partir de un año. Representa un sustituto de la renta fija hasta que no recupere su valoración adecuada.

* No tenga oro en su cartera.

* Adquiera divisas baratas contra el euro: USD, GBP, SEK, HKD.

Jaume Puig, director general de GVC Gaesco Gestión

lunes, 2 de julio de 2012

Fondos de Inversión: lo mejor para inversores preocupados.

Al hilo de las últimas noticias en torno a la situación económica española, muchos ahorradores e inversores se han mostrado preocupados por su capital. Si bien los expertos coinciden en que una situación extrema es muy improbable, es conveniente conocer la alta protección que ofrecen los fondos de inversión frente a los diferentes escenarios temidos por los particulares
Los gestores comerciales con clientes de perfil muy conservador se pueden haber encontrado en las últimas semanas con preguntas y preocupaciones en torno a la continuidad del euro, el riesgo España, etc.
Estos profesionales tienen en su mano una potente herramienta que puede apaciguar esas dudas: los fondos de inversión. Éstos actúan como una gran protección frente a los temidos escenarios que narramos a continuación:
1.     Riesgo entidad comercializadora. El patrimonio de los fondos de inversión tanto nacionales como internacionales se encuentra fuera del balance de la entidad comercializadora, por lo que si ésta quebrara, no afectaría al capital del cliente. El partícipe es dueño de las participaciones, cuya garantía son los propios activos del fondo.

En este sentido, en caso de quiebra de la entidad comercializadora, los partícipes que quisieran tramitar un reembolso podría hacerlo con total normalidad a través del nuevo órgano de administración o de la entidad absorbente.
2.     Riesgo España. Independientemente de la sede del comercializador, el custodio de los fondos internacionales se encuentra domiciliado fuera de España (generalmente en Luxemburgo), por lo que si se produjera una situación problemática en nuestro país, el capital no se vería afectado en ningún caso, quedando a la entera disposición del titular de las participaciones.

Para rescatar su capital y evitar el posible riesgo España, el partícipe de fondos internacionales no tendría más que abrir una cuenta en una comercializadora extranjera, solicitando el cambio de comercializador a dicha entidad o abrir una cuenta directamente con la propia gestora.
3.     Riesgo euro. Todos aquellos fondos de inversión cuya cartera está compuesta por activos denominados en divisas diferentes al euro protegerían de la incertidumbre de la transición a una nueva moneda.
Dentro del universo de fondos internacionales disponibles en la Central de Compras de Ahorro Corporación, existe una gran variedad de activos en los que invertir. Los clientes más temerosos pueden optar por productos con sesgo conservador. Los partícipes con perfil más dinámico, por su parte, pueden elegir productos de otras categorías que cumplen con los mismos conceptos en cuanto a posibilidad de diversificación geográfica y divisa.
Fuente: Ahorro y Corporación

viernes, 8 de junio de 2012

¿Aún no tiene asesor financiero?

La crisis ha destruido certezas, ha abierto los ojos a los ciudadanos, que necesitarán cada vez más asesoramiento financiero, no simple presentación de productos

Hace 20 años en España el concepto asesor financiero era algo extraño, exclusivo de unos pocos ricos. Hoy, por suerte, las cosas han cambiado, el asesoramiento financiero tiene mucha más presencia en nuestro país, pero hay que dar un paso más y esta crisis puede y debe ser el catalizador que lo permita. Pese a ello, para la mayoría de entidades, el asesoramiento financiero no es aún una prioridad, sino que parecen estar más preocupadas por otras cosas: las suyas.

Es cierto que desde 1992, el famoso año olímpico, el nivel de vida de los españoles ha aumentado, y con él sus necesidades de ahorro e inversión. También se ha ampliado la variedad, la complejidad y la sofisticación de la oferta de productos de ahorro e inversión. Y, por supuesto la implantación de la MIFID, la directiva europea de servicios de inversión que por primera vez regula en Europa el asesoramiento financiero, ha ayudado mucho.

Aun así, los fundamentos de la gestión de su ahorro por parte de muchos españoles no han variado en las últimas décadas. Hoy como ayer, en la mayor parte de casos sigue primando la comercialización de productos: el cliente pregunta cuánto le dan por su dinero y/o la entidad le propone la campaña del momento. No existe el hábito del diálogo, del diagnóstico de necesidades o de la planificación a corto, medio y largo plazo.

Pero la crisis cambiará las cosas y nada volverá a ser como antes. Porque esta larga y profunda crisis ha destruido una serie de certezas, ha abierto los ojos a los ciudadanos y transformará radicalmente la función del las entidades financieras en España.

Hasta hace poco, los españoles tenían una preocupación relativa por su jubilación, por la cobertura sanitaria, por el coste de la educación. El Estado se ocupaba. Hoy esa tranquilidad se ha visto sacudida por las reformas, por los recortes y por la incertidumbre sobre el futuro de las coberturas públicas. Los españoles están tomando conciencia de que tienen que asumir la responsabilidad de asegurarse una jubilación confortable y los recursos para la educación y la salud de su familia.

Esta toma de conciencia y la necesidad de planificar el propio futuro financiero implica que los ahorradores necesitarán más y mejores respuestas a sus exigencias, es decir, necesitarán asesoramiento, no simple presentación de productos. Y esa necesidad ha de ser el impulso definitivo para los profesionales suficientemente preparados para esta actividad. Tanto para los que realicen su labor de forma independiente, como, especialmente, para los que lo hagan desde o junto a una entidad. Lo que está claro es que cada vez se necesitarán menos empleados administrativos de banca, pero más asesores.

Así que las entidades deberán redibujarse y potenciar la presencia de asesores financieros en su estructura, ya sea como empleados o como agentes representantes. Sí no lo hacen, no serán capaces de dar respuesta a las exigencias reales de sus clientes. Hay algunas entidades, como el banco que yo presido, que ya hace muchos años trabajan asignando a cada cliente su propio asesor financiero. Espero que en poco tiempo todos los españoles dispongan del suyo. Hace 20 años, tener un asesor financiero era una opción, hoy es imprescindible. ¿A qué espera para tener el suyo?
 
Dídac Darder Consultor Financiero

jueves, 31 de mayo de 2012

La nacionalización de Bankia

La crisis del sistema financiero español ha vivido un nuevo e importante
episodio. El Gobierno de Mariano Rajoy decidió nacionalizar a principios de mayo Banco Financiero y de Ahorros (BFA), controlada al 100% por las siete cajas de ahorro que conforman Bankia desde 2010. Esta será la octava entidad que pasa a controlar el Estado desde que estallara la crisis en 2008, pero es la más importante hasta la fecha, ya que cuenta con 10 millones de clientes en España y activos por valor de 340.000 millones de euros o 427.856 millones de dólares.

El control de Bankia tendrá lugar mediante la conversión en acciones del préstamo de 4.465 millones de euros que le concedió el Estado a través del FROB -un fondo creado para gestionar el proceso de reestructuración del sistema financiero español en junio de 2009- cuando se gestó el grupo. El ministerio de Economía explicó en un comunicado publicado el pasado 9 de mayo que la decisión se ha tomado para “garantizar la solvencia, la tranquilidad de los depositantes y disipar las dudas de los mercados sobre las necesidades de capital de la entidad".

Joaquín Maudos, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, considera que la nacionalización “es la única solución para resolver los problemas de solvencia de la entidad”. Según explica, la auditora Deloitte estimó en 3.500 millones de euros la minusvalía de la entidad al cierre del ejercicio 2011, lo que coincide con su patrimonio neto, “por lo que el saneamiento de esa minusvalía supone reducir a cero el patrimonio de la entidad”. Ante esta situación, explica que la única vía de solución era convertir los préstamos del FROB en acciones ordinarias, lo que implica la nacionalización de BFA-Bankia.

Santiago Carbó, profesor de Economía del Departamento de Teoría Económica e Historia de la Universidad de Granada, también considera inevitable la nacionalizacióny añade que “ahora la primera y más importante misión para la entidad y sus nuevos administradores [el ejecutivo José Ignacio Goirigolzarri asumió la presidencia en sustitución del político Rodrigo Rato] es realizar un importante esfuerzo de transparencia y establecer los distintos mecanismos para obtener los recursos necesarios para garantizar la viabilidad de la entidad financiera”.

El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, explicó en el Congreso el pasado 23 de mayo que se aportará todo el dinero que sea necesario para dar confianza sobre el sistema financiero español pero que la intención es recuperar esas ayudas. Asimismo, especificó que Bankia requiere dinero público por importe de 9.000 millones de euros, aunque posteriormente, el viernes 25 de mayo, la entidad corrigió ese importe cifrando la necesidad de ayuda pública en 19.000 millones de euros. En total, a día de hoy, el rescate de la entidad se estima en 23.000 millones de euros -19.000 más los 4.465 que ya ha recibido- o 28.900 millones de dólares, el más caro de la historia en España.

La pregunta que surge ahora es cuáles son los planes que el Gobierno tiene para la entidad. Reuters explicaba en un artículopublicado el pasado 17 de mayo, en el que citaba fuentes anónimas cercanas a Mariano Rajoy, que el Ejecutivo planea sanear, reducir el tamaño y vender el banco en los próximos tres años, el periodo máximo legal en el que el Estado puede mantener el control de la entidad. En el citado artículo se aseguraba que otros grandes bancos españoles como Santander, BBVA o La Caixa podrían ver Bankia como un objetivo apetecible para ganar mayor cuota de mercado o, directamente, comprar las áreas de negocios que pudiera vender.

Sin embargo, Carbó apunta que “Bankia es una entidad demasiado grande y demasiado importante para que sea fácilmente dividida y vendida, lo que los anglosajones llaman difficult to fail and unwind”. Y añade que el “Estado ha entrado en el capital de Bankia y seguramente estará ahí varios años hasta que se aclaren definitivamente las opciones. Si Bankia realiza un plan exitoso, la propia entidad podría recomprar parte (o en el mejor de los casos, todo) del capital invertido por el Estado”.

Maudos prevé que, “una vez inyectada la financiación, Bankia deberá completar su proceso de reestructuración (reduciendo red y empleo para ahorrar costes) y desprenderse de posibles participaciones con plusvalías, aunque complicado en este momento, para mejorar su solvencia”. Él cree que no será fácil que al menos a corto plazo acabe en manos de otras entidades dado su tamaño y su déficit de provisiones y considera que “lo mejor será que el Estado se quede el tiempo necesario para reflotar la entidad y una vez saneada, buscar posibles compradores, o incluso trocear la entidad”.

¿La punta del iceberg?
La difícil posición de Bankia es el ejemplo más claro y la imagen personificada de la delicada situación por la que atraviesa el sistema financiero español en su conjunto. El sector bancario español se ha visto fuertemente dañado por el estallido de la burbuja inmobiliaria que unido a la crisis internacional, ha sumido a España en una recesión de la que todavía no se ha recuperado.

Según datos del banco de España, al cierre de 2011, la banca española tenía una exposición inmobiliaria de 308.000 millones de euros o 387.500 millones de dólares, de los cuales 184.000 millones correspondían a activos tóxicos o problemáticos (dudosos, subestándar y adjudicados). El sector de la construcción y promoción inmobiliaria registró un ratio de morosidad del 20,9% al cierre de 2011. Bankia es una de las entidades más expuestas al ladrillo, con 37.517 millones de euros, de los que el 84,7% es considerado problemático, según los resultados sin auditar remitidos por la entidad a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), regulador bursátil español.

Estas cifras hacen desconfiar a los inversores internacionales del sistema financiero español y por consiguiente de la solvencia del Estado, ya que creen que podría verse obligado a invertir más dinero público apara ayudar al sector, lo que provocaría incumplir con sus objetivos de reducción de déficit y aumentar su deuda. Es por ello que el coste de financiación en el mercado de España se ha elevado considerablemente desde el comienzo de la crisis, hasta el punto de que se baraja la posibilidad de que el país tuviera que pedir ayuda financiera a la Unión Europea (UE).
Respecto a los problemas del sistema financiero español, Mauro Guillen, profesor de Gestión y director del Instituto Lauder de Wharton, avisa de que “mientras la economía no repunte, un banco detrás de otro tendrá problemas”, porque “un sistema financiero no puede resistir años de recesión”. En su opinión, a medida que vayan teniendo problemas los bancos, habrá que rescatarlos, “pero Grecia o España o los países periféricos no tienen recursos suficientes para rescatar bancos indefinidamente. Al final, se necesitará una solución europea para un problema que es europeo, puesto que sin la moneda única ya habríamos devaluado y sentado las bases de la recuperación”.

Michele Boldrin, profesor de la Washington University in St. Louis, cree que la nacionalización de Bankia y de las otras entidades financieras se tenía que haber realizado dos años antes. “Hay una serie de bancos y cajas españoles que están quebrados por la incompetencia gestora de los políticos y que están paralizando el sistema financiero español y el país”, asegura. Explica que en España está ocurriendo algo parecido a lo que ocurrió en Estados Unidos en 2009, “pero la diferencia es que allí la limpieza del sistema financiero fue muy rápida y aquí el proceso ya dura dos años y no se ha logrado solucionar el problema”. Cree que en España no se toman las medidas oportunas porque “supondría para el poder político perder su fuerte control sobre sistema financiero, algo a lo que se resiste”. 
      
¿A la segunda va la vencida?
Para intentar disipar las dudas, el Gobierno aprobó el pasado 11 de mayo nuevas medidas para el sistema bancario. Es lo que se ha dado en llamar la segunda fase de la reforma del sector financiero, después de que en la primera, llevada a cabo en febrero, se elevara los requisitos de provisiones de los bancos para cubrir posibles pérdidas en sus activos problemáticos del ladrillo, lo que supuso que las entidades tuvieran que provisionar 54.000 millones de euros o 68.000 de dólares.

En esta ocasión, el Ejecutivo ha decidido aumentar del 7% al 30% la provisión genérica de los bancos para cubrir un hipotético deterioro de los activos no problemáticos, que se sitúan en los 123.000 millones de euros o 155.000 millones de dólares. Esto supone, en la práctica, que tendrán que provisionar 30.000 millones de euros más o 38.000 millones de dólares. Estos nuevos requerimientos de capital se realizarán con cargo a los resultados. Las entidades que tras esta operación de saneamiento presenten déficit de recursos propios o de capital principal tendrán que capitalizarse en el mercado o, en su defecto, podrán solicitar ayuda al Estado, que les otorgará préstamos públicos a un tipo de interés del 10%.

Además, la banca tendrá que separar los activos tóxicosvinculados al ladrillo en sociedades independientes antes de que acabe 2012, es decir, crear lo que se ha venido llamando “banco malo”. Finalmente, el Ministerio de Economía encargará a expertos independientes la valoración de toda la cartera de activos de la banca española.

“Las medidas van en la dirección correcta, incluyendo las valoraciones aún pendientes”, opina Carbó. Pero, en su opinión, el éxito depende, en parte, de cómo se ejecuten las diferentes medidas y, en otra parte importante, de que se especifique claramente de dónde van a salir los recursos para financiar las posibles necesidades de saneamiento y recapitalización que surjan del proceso. “Esto requiere especificar no sólo la ayuda que puede ser posible a día de hoy sino también potencialmente necesaria a medida que avanza el deterioro macroeconómico. Se trata de un soporte, una garantía o backstop que es fundamental para calmar a los mercados y que aún no está del todo clara”, argumenta este consultor del Departamento de Estudios Económicos de la Reserva Federal de Chicago.

Maudos no tiene tan claro que las medidas del Gobierno vayan a disipar las dudas sobre el sistema financiero español. Explica que las dos últimas fases de la reforma se han centrado en sanear la exposición al sector inmobiliario, que es el más problemático y el que más dudas plantea en los mercados. Y advierte de que el problema es que la exposición inmobiliaria representa sólo el 20% de la cartera crediticia, y que queda otro 80% más donde hay préstamos hipotecarios para la compra de vivienda (más de 600.000 millones de euros o 754.000 millones de dólares), préstamos a Pymes, a grandes empresas, etc, con los que también hay que tener cuidado. “Con un escenario macro con tasas de crecimiento del PIB negativas en 2012 y también en 2013, la calidad de todos estos activos se deteriora, por lo que es aquí donde los inversores creen que las provisiones actuales no son suficientes”, explica.

“Habrá que esperar a ver los resultados de las valoraciones de las dos tasadoras independientes y de las 3 auditorías posteriores [que se van a hacer sobre el sistema financiero español] para conocer el posible déficit de provisiones. Si la cifra es razonable, será asumible vía FROB (que emitirá deuda para ayudar a las entidades), pero si es muy alta no habrá más remedio que pedir ayuda externa”, vaticina.

En cuanto al importe total de los recursos necesarios, Carbó cree que es difícil de determinar. “Puede que sea más de los cerca de 15.000 millones que estima el Gobierno pero creo que el coste total para el Estado del apoyo al sector financiero seguirá siendo menor en España (en términos de PIB) que el que ha ocurrido en otros países de nuestro entorno”, estima.

Según Michele Boldrin, el Gobierno tiene que atacar directamente el mal del sistema y arrancarlo de raíz. “Hay que sanear las entidades con problemas y recapitalizarlas. En el contexto económico actual, el único que puede hacerlo es el Estado”, aunque cree que necesitará ayuda financiera de la UE porque no podrá emitir toda la deuda para captar el capital necesario para llevar a cabo el proceso. Apuesta por “europeizar el sistema financiero español”, que España “llegue a un pacto con Europa para cambiar los administradores incompetentes de las entidades intervenidas y, finalmente, después de sanearlas, venderlas en el mercado”.

Boldrin opina que lo interesante es que compraran los bancos saneados entidades extranjeras para crear un mercado más abierto y competitivo. “Si al final del proceso sólo quedan en España cuatro grandes bancos nacionales con mucho poder se crearía un oligopolio muy malo para el sistema financiero y la economía del país, que dependería excesivamente de ellos”. En el caso de que se creen estos gigantes bancarios, cree que deberían tener una gran diversificación internacional, de tal manera que el negocio nacional sólo suponga alrededor del 10%.

www.wharton.es

martes, 29 de mayo de 2012

¿Qué pasaría con sus fondos si España sale del euro?

Uno de los asuntos que más preocupan a los inversores españoles en estos momentos es qué pasaría si nuestro país tiene que abandonar el euro. ¿Estarían más sus ahorros protegidos con fondos de gestoras extranjeras en lugar de tenerlos en fondos de gestoras nacionales? Primero tengo que insistir en que esa posibilidad es realmente muy poco probable. No diría imposible porque en materia financiera nada es imposible pero sí extremadamente improbable… simplemente porque la voluntad de pertenecer al euro es una voluntad política y no económica y, en la actualidad, ningún partido político se plantea la salida del área euro (cosa que sí ocurre en Grecia, por ejemplo, de ahí la gran incertidumbre que generan las próximas elecciones en el país heleno). Pero volvamos a la cuestión que preocupa a los inversores. Si España vuelve a la peseta, ¿estarían las inversiones más protegidas con fondos extranjeros que con fondos nacionales? La respuesta es que depende de muchos factores, pero no del domicilio de los fondos. No depende ni de la divisa en la que está denominado el fondo. El impacto de la devaluación que sufriría la nueva moneda nacional (llamémosla “peseta”) sobre los fondos que uno tiene en cartera dependerá de dónde está invertido el fondo.

Si el fondo está invertido en activos españoles (acciones españolas, bonos u obligaciones del Tesoro español, etc), lógicamente sufrirán una fuerte caída en el caso hipotético de que nuestro país abandone el euro. Pero no sólo los fondos españoles invierten en activos españoles, también lo hacen los fondos extranjeros y éstos también se verían perjudicados. Si Telefónica, de la noche a la mañana, pasa a cotizar de 10 euros a 10 pesetas, esto afectaría a todos los fondos que tienen Telefónica en cartera (ya que 1 peseta valdría mucho menos que 1 euro), que son la inmensa mayoría de fondos de acciones españolas (nacionales y extranjeros), pero también muchos fondos de acciones de la Zona Euro, fondos de acciones europeas e, incluso, fondos de acciones globales (nacionales y extranjeros).

Si un fondo tiene en cartera acciones de Deutsche Telekom, esas acciones seguirán cotizando en euros. Suponiendo que la acción de la operadora alemana valga 10 euros, en el momento de la conversión a peseta, esas acciones en pesetas no valdrían 10 pesetas sino mucho más (porque 1 euro valdría mucho más que 1 peseta).

Genera también bastante confusión el impacto de la divisa en la que se denomina el valor liquidativo. En el caso de una vuelta a la peseta, los fondos nacionales volverían a ver sus denominados en pesetas y los fondos extranjeros mantendrían la moneda en la que están denominados ahora mismo (que puede ser el euro, el dólar, la libra, etc). Entonces, me dirán ustedes, mejor tener un fondo denominado en euros que no uno en pesetas. No tiene nada que ver. Da igual la divisa en la que está denominado el fondo. Lo que cuenta es la divisa en la que invierte. Volvamos al caso de Telefónica. Supongamos que tenemos un fondo español que sólo invierte en Telefónica (ya sé que no es posible, pero es para simplificar el ejemplo).

Supongamos que antes del cambio a peseta el valor liquidativo del fondo era de 10 euros. En el momento de la conversión a pesetas, el valor liquidativo se reconvierte a pesetas y vale 10 pesetas. Supongamos que tenemos ahora un fondo extranjero denominado en euros que invierte, al igual que el fondo español, toda su cartera en Telefónica. Supongamos también que el día antes del cambio a pesetas su valor liquidativo sea de 10 euros. ¿Cuánto valdría su valor liquidativo el mismo día en que cambiemos a pesetas? El fondo seguiría denominado en euros, pero, claro, ya no valdría 10 euros sino 5 euros porque las acciones de Telefónica habrían sufrido una caída de valor en euros.

Entonces, por resumirlo, ¿qué es mejor tener 10 pesetas o tener 5 euros? Pues, exactamente lo mismo. Por lo tanto su inversión no estaría más protegida por estar en un fondo español que en un fondo extranjero. Lo importante, repito, no es la divisa en la que está denominado el fondo sino los activos en los que invierte. Si realmente quiere ponerse a salvo de una eventual y más que improbable salida de España del euro invierta en acciones o bonos que no sean españoles, y punto… independientemente que lo haga a través de una gestora española o extranjera. No es necesario (además de muy difícil en la práctica) coger un maletín lleno de billetes de euro y cruzar la frontera para abrir una cuenta en Alemania o Francia.

Fernando Luque de Mornigstar